Tú, yo y el hoy

En lo alto del monte un castillo,

en la cima de mi mente tu latido,

sonido de un pájaro al pasar,

quien te ama te hará volar.

Percepciones sensoriales escritas en verso,

son muchas horas en el ¨multiverso¨,

y el homo sapiens de su alma se olvidó,

por avaricia sin freno la cambió.

Gato negro mirándome a los ojos,

por él de miedo no me encojo,

no me asustan sus supersticiones,

el ser humano es el creador de inyecciones.

Arma blanca en el mercado,

religiones haciendo del sexo un pecado,

de la mujer una esclava social

y alzando al hombre en un pedestal.

Existen cuestas pendientes de andar,

paredes verticales creadas para escalar,

y en la vigilia yo amarte deseo

pues en lo onírico ya te veo.

Y rejas de chocolate abriendo camino,

dulces piedras en este mi destino,

piel entrecortada sudando vino,

especulación continua con el alimento trigo.

Cuántos finales alejados de ser escritos,

animales por desgracia ya extintos,

no solo somos algo tangible

pues el espíritu es invisible.

De color fulgente luce la madera,

luz blanca del sol irradia esta espera,

lo sencillo es rozar tu mirada,

fascinante es sentirme vivo en cada palabra.

Y recuerda el olor a monte añejo,

pronto el humo te dejará perplejo,

sin capacidad de susurrar al viento,

sin facilidad para diferenciar cuándo te miento.

Y los colores no son así,

por eso el futuro te da el poder a ti,

revolución en cada actuación,

explotemos las arterias de quien adoctrina sumisión.

Al inicio de la creación volvamos,

ardilla de campo libre seamos,

pues cuántas cosas ya no son naturales,

hasta las conversaciones huelen a artificiales.

Fina hierva en camino embarrado,

arrugas felices en rostro decorado,

es síntoma de la vida bella,

palpitación en el deseo de una estrella.

Son muchos los anhelos pendientes,

como probar tus labios con mis dientes,

lentamente en la tenue noche,

y siempre carente de reproches.

Actos punibles en cantidades ingentes,

calles a diario con más indigentes,

leyes impidiendo lanzar un silbido,

ni de tu piel puedo ya ver el brillo.

He aprendido el concepto de amar,

no es querer sino disfrutar,

uno habla de ser libres,

otro de la posesión de quien escribe.

Por hoy ya se acabó,

punto y final a mi otro yo,

ese gran desconocido,

mi ser incomprendido.

H.D.

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